viernes, 10 de noviembre de 2017

Trigueros, tiene un Santo, afiliado a la UGT.

San Antonio Abad, de Trigueros (Huelva), está afiliado a la UGT.
No se trata de un hecho forjado por la calenturienta imaginación de un meridional, sino de un suceso verídico, que parece un cuento.
Es en Trigueros, un pueblo de la provincia onubense, blanco como el jazmín, limpio como los chorros del oro, tranquilo y sosegado, como que no padece hondas preocupaciones, ni sufre torturadoras necesidades.
Es Patrón de este dichoso pueblo San Antonio Abad, y siempre se le tuvo una extremada veneración, rivalizando en sus fervores los devotos de todas las clases sociales. Fue San Antonio Abad, en vida, poderoso y eminente, y un glorioso día en que se incendiara su corazón con fuegos de humildad, y se santificara con virtudes excelsas, renunció a todos sus bienes, entregándolo a los pobres y retirándose a la soledad del desierto.
Una vista de la Plaza de la Libertad, exornada con motivo de las fiestas.
No pueden olvidar las clases proletarias este ejemplar rasgo del santo varón, y así se lo admiran, dedicándoles todos sus entusiasmos.
Para hacerlo más de ellos no se contentaron en Trigueros con venerarlo en los altares, y con aclamarlo frenéticamente, durante la pública procesión con que anualmente se le festeja, sino que al crearse el Centro Obrero adherido a la Unión General de Trabajadores, allá por el año 1928, lo inscribieron con el número uno, en la lista de sus afiliados, extendiéndole el correspondiente carnet, que dice de esta manera: "Antonio Abad. Edad, ciento un año. Profesión, Santo. Vecino, de Trigueros".
Y todos los demás socios turnan en el pago de la cuota del Patrón, con lo que está siempre libre de morosidad.
Desde un balcón próximo están "tirando", mientras el santo, a corta distancia, preside la ofrenda, en medio de la muchedumbre.
Todos los años, a mediados del mes de Enero, dedica Trigueros a su excelso patrón una gran fiesta religiosa y popular, en ella se desborda el entusiasmo de los vecinos en tales términos, que no son para describirlos.
El Domingo por la mañana, el alcalde se hace cargo del santo y lo entrega al fervor y a la alegría de los vecinos. Ellos, lo pasean por todas las calles de la villa, sin dejar atrás ni a la más humilde y apartada, atronando el ambiente con vítores y aclamaciones.
El Santo sale de la Iglesia. El alcalde empuña el cetro simbólico, que más tarde entregará, al pueblo soberano.
La imagen del Santo, entre fervorosa devoción, en la calle principal de Trigueros.
Y sucedía repetidamente esta cosa singular, en extremo pintoresca y emocionante, delante del paso del santo, iban una multitud de pedigüeños, no solo del pueblo, sino de los circunvecinos. Un cohete lanzado desde un balcón es la señal, para que el paso se pare ante la casa, y para que los necesitados se apresten a recibir las limosnas, que por el balcón les había de arrojar. y presto, una lluvia de artículos alimenticios, prendas de vestir y dinero cae sobre aquella multitud, que con ansias locas corre a disputárselos, sin ninguna clase de acometividad colérica, ni de desenfrenados atropellos. Y así, durante todo el Domingo hasta que anochecido se recoge en la iglesia, después de haber recibido el más fervoroso homenaje del pueblo.
El lunes se celebra la función oficial para llevar el santo a su ermita, repitiéndose las mismas y pintorescas escenas de entusiasta devoción.
La procesión del año 1932, que es a la que corresponden esta imágenes, se revistieron de mayor solemnidad, si cabe, que en años anteriores, ya que el alcalde republicano puso empeño en extremar la nota, para demostrar que no solo merecen los mayores respetos las efusiones tradicionales del pueblo, sino que hay que tenerlas en cuenta, para gobernarlo y servirlo.
A cambio de la aportación económica, voluntaria, se regala al vecindario un hermoso "paquidermo". He aquí la soberana estampa del año 1932, adornado con la clásica faja, en la que aparecen bordadas una inscripción alusiva y la simbólica enmienda.
También el presidente del Centro Obrero del que es socio el santo patrón, acompañó el paso hasta la iglesia, confundido con la multitud fervorosa.
Ello demuestra la capacitación de estas gentes, cuando de tal modo sabe sentir los latidos del pueblo, y apreciar hasta que punto son profundos y sinceros.
Buen ejemplo a imitar por tantos otros pueblos españoles, ciegos en su intransigencia y sectarismo.
Desde los balcones, los vecinos lanzando monedas, al paso del Santo, afiliado a la Casa del Pueblo.
Notable fotografía que muestra la curiosa actitud de un grupo de pedigüeños, en ocasión de recibir las limosnas, que les reparten desde un balcón.

martes, 31 de octubre de 2017

"La Tertulia", del Camposanto sevillano.


"La Tertulia" del
Cementerio de San Fernando, de Sevilla.
El Cristo de las Mieles
Sobre un calvario de piedra, en el cementerio de Sevilla, donde crecen rosales de encendidas rosas y jazmines perfumados, se levanta esta peregrina obra de Susillo, el malogrado escultor de Sevilla, como símbolo del Dolor y de la Muerte.
Pero quiso el Señor aparecer también en tan señalado lugar como fuente de dulzura, e hizo el milagro de que rebozasen mieles de sus labios, añadiendo con el mágico suceso una nueva nota de vida, a las que la exuberante y lozana naturaleza, ha concertado en el sagrado recinto.
Por la santa boca del Señor, abierta al dejar escapar el postrer suspiro, entran y salen las abejas que liban la dulzura de las cercanas flores, depositando en el profundo pecho tantas mieles, que le fluyen de los labios en chorros de oro cristalinos.
Y allá van a caer sobre las duras rocas del calvario, y a regar con su jugo las raíces de los rosales y de los jazmineros.
Revolotean las abejas alrededor del divino rostro del Cristo, envolviéndolo como con una aureola refulgente, porque las luces del sol, quebrándose en las delicadas y sutiles alillas, las hacen rebrillar como diamantes. ¡Oh, gracia del Señor, que aún muerto es vida!.
-¡Oh, este milagro de las mieles en la amargura de los labios sedientos, untados de hiel!
-¡Oh, esta fuente de alegría que hizo el Señor manar de los senos de la muerte!.
El relato del suceso se convertirá en leyenda, y la leyenda en poesía...
Para cantar el milagro, ¿cual será el glorioso poeta escogido?.
Escrito por: J. Muñoz San Román.
Una interesante fotografía de Serrano, obtenida el Día de los Difuntos, de 1921, en el cementerio de San Fernando, de Sevilla, cuyo asunto puede sintetizarse en esta frase: Un triste recuerdo, a una "vida" que fue, y la inocente indiferencia de una lozana vida que empieza pletórica de alegría.
Fosa común "La Tertulia".
Al lado de los toreros famosos, están amontonados en una fosa común conocida por los sevillanos como "La Tertulia", infinitos torerillos a los que nunca se ha oído nombrar: "El Farruco", "El Niño de San Román", Manuel Segura, "El Niño de la Venta Alta", "Pajarito", "Calita", "El Serio", "el Petaca de San Bernardo", "El Largo", "El Campanita", "el Barajita Chico"......Toda esta tropa proletaria cayeron igual que el "Espartero" y que "Joselito", entre los cuernos de los toros, pero sin gloria, sin brillo. Quizás en una capea aldeana; quizás asesinado por un cirujano rústico. Ya nadie se acuerda de ellos, y una pobre Cruz, plantada en la tierra, indica vagamente el lugar en que esperan la resurrección de la carne, junto a peones de albañil, mozos de cuerda, gañanes y otros difuntos menesterosos.
Toreros famosos.
"Un hoyo, y un epitafio".
Como yo estoy frito en el tema de los toros, he copiado literalmente un interesante artículo, escrito en 1928, por D. Diego de Mairena, para acompañar las imágenes que va a ver a continuación, de tumbas de toreros famosos, que existen en el Cementerio de San Fernando, de Sevilla. Una ruta muy visitada por sevillanos y forasteros.
El artículo dice así:
CAMPOSANTO. Tarde de Octubre sevillana. Tizne de cipreses. Hileras de cruces. Sepulturas míseras donde los dedos implacables del tiempo borraron los nombres. Un epitafio sencillo nos agarra. Leemos: "Hijo de mi alma", y nada más. ¡Cuanto dolor y angustia hay en estas palabras grabadas en una cruz de tosca madera!, ¡y cuanta vanidad, cuanta estúpida y necia vanidad pregona esta losa de mármol donde hay junto al nombre de un "ilustrísimo" y "excelentísimo señor", toda una ringlera de cargos, prebendas y sinecuras!. El cielo cubre al que no tiene losa, y la piedra tallada del sarcófrago que encierra los restos del hombre soberbio, más bien parece que la ha puesto allí para tapar su codicia y vanagloria, que para rendirle cariñoso tributo.
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Tumba de toreros: espartero, Joselito, Pepete, Faustino y Curro, Posadas, Varelito, Montes....Vidas segadas en flor por la tolvanera trágica. Cohetes luminosos que aspiraron a conquistar el cielo, y cayeron a tierra vencidos. Corazones que se han quemado en su propio fuego. Héroes populares, carne de pueblo, prisioneros de su propio Destino que al querer buscar la cara radiante del Éxito, se encontraron con la facie tenebrosa de la Muerte.
Frente a estos mausoleos siente uno remordimiento de homicida. ¿Como creer que a estos hombres, en un tiempo jóvenes rozagantes  y llenos de vida, lo mataron los toros?, ¿Como creer que el cuerno de la bestia hendió y sajó estos cuerpos?. No. La brutalidad no está en el toro, sino en el tendido. Estos bravos muchachos no sintieron jamás el miedo a la fiera; si temblaron en algún momento, fue al ver en la plaza miles de manos que se crispaban amenazadoras, centenares de bocas repletas de la mugre de los insultos, ojos desorbitados, quijadas de lobos que olfatean la carroña.... Es la multitud ebria, enloquecida, que exige al torero que se cuelgue de los cuernos del toro para sentir luego la misericordia, en un juego egoísta de emociones. Es la cobardía colectiva que se siente humillada por el héroe y busca en el sacrificio del torero el desquite a su humillación. Es el instinto contenido de la multitud que se desborda, y encuentra en el toro, su aliado, en un momento de desidia antropológica.
- Cuando miré al tendido, allí vi la cornada-, dicen los toreros al dejar la arena llena de sangre, que es la roja tinta con que escriben su historia los valientes. Allí vieron el fantasma de garra lacerante, que les enseñaba, entre alaridos procaces y amenazas violentas, la ruta que acababa en un hoyo y un epitafio.
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Y ahora estos luchadores son sombras que se sacrificaron por una sombra. El pueblo -este pueblo que lleva a cuesta a Joselito y a sus hermanos en tragedia- coloca sobre la tumba de sus héroes muertos, una copla y los olvida.
Esta vidas trafagosas y llenas de ruido han caído para siempre envueltas en el sudario del silencio. Como en los templos de Isis, aquí nosotros vemos la figura de un ángel que se lleva los dedos a los labios amonestándonos para que callemos.
Esta paz.....¿Dónde están las tardes de gloria, las apoteosis enloquecedoras, los amores frenéticos, el halago de la chusma y los ojos brujos de las mujeres que se cerraron amorosos vencidos por la majeza del torero?. ¿Dónde el sol que caldea a esos, las músicas que espolean la sangre, las palabras que azuzan  o encorajinan, las promesas que embriagan o los gritos que exacerban?, ¿Dónde el brío, el valor, el ímpetu y el esfuerzo?; todo pasó como una nube sin agua o como un sueño sin imágenes. Espartero, Joselito, Posadas, Varelito....Unos cuantos nombres más que unir a las víctimas de la popularidad, esa hembra falaz y mentirosa que asesina con sus besos a los que la aman.
Las adversidades muestran a los fieles amigos; la patrulla vocinglera y aduladora, el tropel plebeyo que rodea al héroe y lo exalta y deifica en los días de triunfo, huye cuando éste cae vencido y maltrecho. A la multitud no le importa nada el héroe, sino el heroico; y con la veleidad de una mariposa, deja la luz que apaga por la que se enciende. Y cuando la fatalidad rompe al ídolo y éste se derrumba, las miles de manos que se juntaron frenéticas para aplaudirle, desaparecen cobardes y egoístas; y sólo le queda al héroe un pedazo de tierra, y un mundo de silencio, por donde a veces pasea la sombra dolorida y triste de una mujer.
Mausoleo a "Joselito el Gallo", escultura original de Mariano Benlliure.
La bailaora gitana, Custodia Romero, ante el mausoleo de "Gallito".
La columna rota sobre el sepulcro de "El Espartero", simboliza una vida tronchada, en plena apoteosis del triunfo.
Aquí duermen en el Señor los dos hermanos, Faustino y Curro Posadas, que juntos triunfaron en multitud de plazas de toros.
¿Donde están las tardes de gloria, las apoteosis enloquecedoras, los amores frenéticos?... Todo pasó como una nube sin agua o un sueño.
La tumba de Antonio Montes.
Custodia Romero, depositando flores sobre la tumba de Montes.
Solo le queda al héroe un pedazo de tierra y un mundo de silencio.
La gran bailaora ante la sepultura de "Gitanillo de Triana".
La "señá Mariquita" era una viejecilla que desde 1880 barría y aljofifa las tumbas de los toreros, en el camposanto sevillano.

Cementerio de San Fernando, en Sevilla.

Cementerio de San Fernando.
Sevilla.
Solamente tiene que hacer clic sobre la imagen,  del tema que desee ver, relacionado con este cementerio sevillano.