viernes, 20 de octubre de 2017

El Albaicín, de Granada.

El Albaicín granadino.
Gitana del Albaicín.
Panorámica del Barrio del Albaicín.
Todavía historiadores y eruditos discuten si el alegre barrio del Albaicín, se llamó en sus tiempos de esplendor Rabadh-al-bayyazín (arrabal de los Halconeros) o Albayyasiín (arrabal de los de Baeza). Según Ibn Aljathib, y como él, opinan casi todos, Rabad-al bayyazín le llamaban, lo cual significa "barrio en pendiente o cuesta".
Pero este detalle, cebo de bibliófilos, no debe inquietar al forastero. Aventúrese, sin cicerone, por el moruno laberinto de callejuelas, y aunque el sol y el polvo le abrumen, demande a su memoria la saludable colaboración e imponga a sus nervios la provechosa calma.
¿Como no saborear la exquisitez de perderse por un arrabal desconocido, donde la sorpresa está destilando sus más sabrosas mieles? ¿Quién, ya que en la urbe moderna impone su vasallaje, se negó a abdicar en la vieja?. La ciudad de hoy, moralmente, traza de cárcel tiene, pero conserva su jardín, que es la ciudad de ayer. En la ciudad de hogaño, espaciosa, recta, hecha para entenderse, negociamos; en la ciudad de antaño, laberíntica, hermética, conservada para soñar, olvidamos que el tiempo, según gentes prácticas, es metal, aunque no acuñado todavía...
Y como nuestra vida sigue, afortunadamente, atenta no solo a las hinchazones necesarias del bolsillo, sino también a los latidos líricos del corazón, he aquí que explorar un barrio árabe, sin sucursal de ningún Banco, nos brinde deleites a cuyo imperio no es posible substraerse.
La Alhambra es el motivo capital de las perspectivas granadinas. Aquí la vemos dominando la masa oscura de sus jardines, y sobre las casas chatas del Albaicín. 1925.
Una vista del Albaicín de Granada. 1915.
En su interesante Guía práctica y artística de Granada, el señor Seco de Lucena, hablando de este barrio reproduce el siguiente párrafo de la Historia eclesiástica, de dicha capital andaluza, escrita por Bermudez de Pedraza:
"El Albaicín fue población de los moros de Baeza, que desterrados della, se ampararon desta ciudad cuando el Rey don Fernando el tercero les ganó la suya, el año 1227 de Cristo; llegaron a Granada y pidieron al rey les hiciese merced de sitio para poblar, y el rey se la hizo de aquella parte que, por ser población suya, llamaron Albaicín; el cual está en lo más alto de la ciudad, puesto al N., detrás de la antigua torre de Hesu-Román donde hicieron tan grande población como muestran sus ruinas; fue, en efecto como para aposentar una ciudad".
"Los moriscos antiguos afirman, que tenía en su tiempo diez mil vecinos. Las casas era de grande recreación, labradas de varias labores damasquinas, con patios y huertos hermoseados de estanques y pilones de agua corriente.
Tenían la mezquita mayor tan suntuosa, como hoy se ve en la iglesia parroquial del Salvador, y la gente del Albaicín eran tan principal que, dicen los naturales, competían con la ciudad, y tan belicosos y corsarios que siempre salían a correr la tierra y robar lo que hallaban".
Rasgos inconfundibles de color y de tipismo, guardan todavía estas cuestas y callejas, del Albaicín granadino.
Una encrucijada en el Albaicín. 1917.
Y el señor Seco de Lucena, añade en otra parte de su Guía:
"Fue aquel barrio en tiempo de los árabes, el núcleo más rico y laborioso de la ciudad, iniciándose su decadencia con la Reconquista, en cuya ocasión los vecinos más opulentos se trasladaron al África, donde aún conservan sus descendientes, como sagrada reliquia del hogar, las llaves de las casas que aquellos vivieron".
"Al posesionarse de Granada los conquistadores, sombría nube de tristeza se extendió por el alegre y popular barrio; extinguiéndose los dulces murmurios de sus leilas y festines; se apagó el ruido de los telares y el rumor de las bélicas reuniones; los palacios abandonados se hundieron lentamente, desapareciendo entre sus ruinas las doradas techumbres y los pórticos esbeltos, y en los escombros brotó la yedra y florecieron los tristes y amargos jaramagos....".
Hermosa fotografía de la Alhambra y el Albaicín, tomada desde el Generalife.
Vista de la Alhambra y de la ciudad, desde el barrio gitano.
Blanco, alegre, embalsamado por sus cármenes, el Albaicín, actualmente es un arrabal donde vive gente trabajadoras y humildes. Se lucha, pero solo por la conquista -cotidiana y sin estridencia- del pan...
Enclavado en las últimas vertientes del Cerro de San Miguel, su situación topográfica no puede ofrecer perspectivas más pintorescas.
De su pasado esplendoroso conserva aún templos mudéjares con torres esbeltas; patios que abren sus arcos elegantísimos, bajo el verde palio de la parra; brocales de pozo que la fantasía oriental labró como encajes; ajimeces y artesonados, puertas y murallas almenadas; tinajas (pozos de agua corriente) y algibes lleno de la linfa fresquísima que desde Sierra Nevada, liberal y cantarina, baja a raudales.
Nada hay triste bajo este cielo granadino, privilegiadamente azul. Todo es amor a la vida, fuerza, brío y hermosura.
Otra pintoresca calle del Albaicín. 1914.
Carmen de San Cayetano, en el Albaicín.
Los cármenes que a cada paso encuentra el viajero, son rincones amenísimos, donde morir de pena constituiría un punible atentado a la Naturaleza. El color y el aroma de las flores alcanzan un intensidad que solo en Oriente puede comprenderse. En las macetas y tiestos, alineados sobre arriates, los claveles, los geranios, las gayombas, los alelíes, las azucenas, tienen tonos de combustión; y desde la terraza del elevado jardín, el panorama es único. A un lado, los cerros cubiertos de nopales y piteras; enfrente sobre las cimas de los cipreses, álamos y olmos, las rojas torres de la Alhambra, al pie de la cual el Darro sigue cantando con aquella voz melodiosa que embelesara a Yusuf, a Mohamed, a Muley Hacen, a Boabdil, a Zoraida, a Kamar y a Aixa; al fondo, la feracísima vega, sabiamente irrigada antaño por los árabes, con sus alamedas, sus alquerías albas, sus pinceladas violetas gris, azul y ocre, envuelta toda ella en los mágicos tules de la distancia.
Una fiesta en el carmen de San Luis, propiedad del concejal del ayuntamiento de Granada, D. Jacinto Moreno.  1911.
Otro momento de la fiesta. 
La Plaza de San Nicolas
La Plaza de San Nicolas es la más importante del Albaicín, por su situación ante la iglesia de máxima devoción, lugar de descanso, de romería y de turismo.
Situada también en el punto más alto de la colina, frente a frente de la Alhambra.
Es la única plaza abierta del Albaicín, y lo está solamente por un lado, y aún relativamente, pues la Alhambra y la Sierra Nevada son un escenario que, aunque un poco lejos, limitan la parte abierta.
Cruz de la Plaza de San Nicolas.
Otra perspectiva de la Cruz.
Algibe en la Plaza de San Nicolas.
Otra perspectiva del algibe.
Iglesia de San Nicolas.
Esta Iglesia fue incendiada en los sucesos del 10 de Agosto de 1932. Era una iglesia de traza gótica, de una nave, levantada en el año 1525 por Rodrigo Hernandez sobre las ruinas de una antigua mezquita. Esta mezquita parece ser, que alzaba su frente meridional sobre el muro de contención, que actualmente sostiene la plaza. En 1543 se construyó la torre, y muy posteriormente, en la época barroca, se adosaron la entrada actual y algunas dependencias.
Una de las calles más típica del Albaicín, desde la que se ve, a lo lejos, la Catedral. 1914.
Hermosísimo patio del Albaicín, ungido de penumbras por el toldo calado de una parra, y animado por la cadenciosa música de una cristalina fuente.
Patio de la casa de las Pizas.
¡El agua, el árbol! ambos fueron los amados de aquellos hombres agricultores que, antes de que finalizase el reinado de los Nazaritas, dieron a Granada, con los industriosos genoveses, judíos y castellanos, días de prosperidad maravillosa.
Varios preceptos del Corán, explican el origen de los actuales cármenes, que con tanto amor y gusto cuidan las gentiles granadinas.
Dice el código religioso de los musulmanes:
"Todo el que plante o siembre alguna cosa y con el fruto de su simiente proporcione sustento al hombre, al ave o a la fiera, realizará una acción tan recomendable como la limosna"

"Todo el que construya edificios o plante árboles sin oprimir a nadie ni faltar a la justicia, recibirá crecida recompensa del Criador Misericordioso"

"Cuida con atención y esmero tu pequeña posesión, para que se haga grande, y no la tengas ociosa cuando grande, para que no haga pequeña"

¿Como no explicarse ahora la hermosura de estas huertas, donde el agua que circula en las albercas y salta en los surtidores, bajo el cielo azul, halla en la adelfa humilde o en la majestuosa magnolia una colaboración que es paz en el espíritu y armonía en la tarde?
Algibe de Trillo, en el Albaicín, 1915.
La pintoresca calle de Zafra, en el Albaicín. 1915.
El algibe de Trillo. 1919.
Se va haciendo la noche, y la penumbra naciente empieza a envolver el barrio donde resplandecen los bermejos torreones de la Alhambra; de plata son las cimas de Sierra Nevada; el aire perfumado, arranca a los árboles rumores dulcísimos. Alguien canta una copla, o por las empinadas callejuelas, triscan con regocijo de campanillas los rebaños de cabras, en tanto las torres de las casas del Albaicín se tiñen de rosa: con inmovilidad señoril se recorta la punta del ciprés; copas frágiles, llenas de música de ruiseñores, parecen los pinos. Y el viajero, desde la eminencia donde se halla, mira embelesado el paisaje.
Se llama a Granada "la ciudad de los crepúsculos", y así es, porque en contados rincones se asociaron con tanta fortuna a la Naturaleza y al hombre. El sol de la tarde como el de la mañana, la hacen única e inolvidable.
Antes que recordar las estrofas de su poeta Zorrilla, se comprende el llanto de su rey Boabdil, que la leyenda le atribuye, suspirar recordando el bien perdido, no fue nunca blandura femenil, la lágrima ardiente, gruesa, silenciosa, es, también, virilidad.
Casa morisca de la Cuesta de la Victoria. 1914.
Casa de la Cuesta de Chapiz. 1914.
Casa morisca de la calle Horno de Oro, 1925.
Palacio de Alxa, madre de Boabdil. 1914.

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martes, 10 de octubre de 2017

Iglesia parroquial de San Roque, en Sevilla.


Iglesia parroquial de San Roque.
La iglesia parroquial de San Roque, construida en los últimos años del segundo tercio del siglo XVIII, fue incendiada como respuesta a la insurrección militar, por las hordas marxistas, el 18 de Julio de 1936. La ruina del templo fue de tanta importancia, que el edificio quedó en alberca. Solo los muros exteriores perimetrales con sus respectivas portadas, y la torre, persistieron con supervivencia irónica, ante la malicia del ser humano. Por lo que todo su contenido pereció en el incendio.
Interior antes del incendio.
 Como es imposible enumerar todo el patrimonio perdido, en una sola entrada, lo voy a hacer por sectores y de forma resumida.
Capilla mayor: En su camarín central se veneraba, la imagen de San Roque, en los intercolumnios se hallaban las esculturas de un santo Obispo Agustino que se identificó como Santo Tomás de Villanueva, y la de San Nicolás de Tolentino, procedentes del convento sevillano de San Agustín. Una imagen interesantísima del Santo Arzobispo de Valencia, de la escuela sevillana del siglo XVI, la otra estatua del santo Agustino, fechada hacia 1500, con muchos resabios góticos.
Además de dos ángeles lampareros y las pinturas de la Huida a Egipto, el anuncio angélico de Santa Ana de su fecundidad, pintados ambos en 1816, por D. José Araujo.
Iglesia de San Roque destruida completamente después del incendio.
Interior después del incendio.
Retablo del Sagrario.
Nave del Evangelio: Su interesante retablo, de estilo rocalla, de hacia 1760, estaba compuesto por un gran nicho, dentro del cual se veneraba la imagen de la Inmaculada, y en otro superior, la figura de Jesús en acto de Flagelación. En repisas laterales las imágenes de San Roque y de San Francisco de Asis, en madera policromada y del siglo XVII.
Además de las imágenes de san Juan Evangelista y Santa Teresa de Jesús, y una pintura de San Juan de Nepomuceno, en el retablo neoclásico había una interesante imagen del Santo Crucifijo de San Agustín, obra cumbre del siglo XIV, a sus pies, una Dolorosa, del primer cuarto del siglo XVIII, perteneciente al círculo del escultor granadino José de Mora.
También destruyó el incendio un Simpecado, Cruz de guía y faroles de la antigua Hermandad de Nuestra Señora del Socorro, que se guardaban en una alacena.
Retablo de San Jerónimo.
Santo Tomás.
San Nicolás de Tolentino.
Virgen de las Madejas.
Nave de la Epístola: En el testero cabecera, retablo neoclásico donde recibía culto la imagen de vestir de Nuestra Señora del Socorro, a un lado la escultura del siglo XVIII de la Virgen de las Madejas, y al otro, la figura de vestir de Santa Lucía, además de una escultura muy interesante, el Niño Jesús con la Cruz a cuestas, obra del siglo XVIII.
Salvo el rostro de la Virgen de las Madejas, pereció en el incendio del templo las siguientes imágenes: Imágenes de Nuestro Padre Jesús de las Penas y Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, una imagen de San José con el Niño en los brazos, así como una notable figura de la Virgen del Carmen, ambas del siglo XVIII; y gran cantidad de pinturas de notable mérito.
Niño Jesús.
Virgen de la Granada.
La iglesia de San Roque, bien provista de ornamentos y orfebrería, fue la que quedó más destrozada en los incendios y saqueos de las iglesias sevillanas, habiéndose salvado solamente aquellos objetos que manos previsoras, habían sacado de la iglesia en fechas anteriores al siniestro, como por ejemplo un cáliz de plata repujada y un copón de hacia 1800, un ostensorio de plata dorada  de hacia 1810, etc. etc.
Virgen del Carmen.
Dolorosa.
Cristo de San Agustín. Obra del siglo XIV, destruida en el incendio.
La procesión del Cristo de San Agustín, en 1926, el último año que procesionó, ya que salía por las calles de Sevilla cada diez años, costeado por el Ayuntamiento, en representación del pueblo sevillano.